Viven de la migración

16 de septiembre de 2014 12:00 AM

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Buscar un sitio para hospedaje en Puerto Obaldía es un reto, porque todos los hostales están llenos. Los parques y las calles de este pequeño pueblo están limpios. Su hermoso y exuberante paisaje te envuelven, es paradisiaco. No te imaginarías que este olvidado pueblo pareciera sobrevivir, gracias a la llegada de viajeros cubanos que han sido dejados por los coyotes, en playas cercanas. Esta migración ilegal, o de tráfico de personas, mueve la economía del pueblo, una vez que son abandonados por los coyotes. Suena feo; sin embargo, pareciera que fuera así, es el oasis de quienes llegan de una larga y tortuosa travesía por nuestro vecino Colombia.

De 30 a 80 cubanos llegan por día a Puerto Obaldía, sector fronterizo entre Panamá y Colombia. De enero al 31 agosto de este año, han pasado 2,539 por el registro de migración de Puerto Obaldía, según datos obtenidos extraoficialmente. Es un viaje lleno de dificultades y peligros para estos viajeros al cruzar Colombia, los estafan, los amenazan, los secuestran en ocasiones por días (si no llevan el pago completo para el paso), también encuentran la muerte, según narraciones de los viajeros sobrevivientes y pobladores.

Al llegar a Turbo, Colombia, junto a migrantes de otras nacionalidades, se divide en ocasiones la ruta.

Los cubanos van en lancha hasta un área costera cerca de Zapzurro, cercano a la frontera de Panamá. Los lanzan al mar, deben nadar a la orilla, donde casi no hay playa, sitio donde todavía es Colombia. Luego deberán cruzar el cerro que separa a Panamá de Colombia. Allí del otro lado está La Miel, primer pueblo panameño.

Una vez en La Miel, tomarán una lancha para llegar a Puerto Obaldía, un pueblo olvidado de Panamá.

La economía del pueblo se activa, gracias a la presencia de los migrantes.

La desgracia de unos es el beneficio de otros. Los pobladores creen hacer un favor; y los cubanos, un favor al pueblo. A los cubanos todo se les incrementa: el costo de hoteles, pasajes aéreos (solo los chárter los llevan a la ciudad si no quieren permanecer semanas allí) y la comida. Las tiendas están bien abastecidas de comida enlatada.

Pero el pueblo también es solidario, las personas le facilitan las cosas si no tienen dinero. Si tienen que dormir en la intemperie, será seguro, alguno le prestará un colchón. Al cocinar, les prestarán una olla.

Lo cierto es que el paso de ellos y otros migrantes es invisible para el resto de los panameños.

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Fuente: diaadia.com.pa

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